Por
JUAN T H
El
PRD era el tiguere más guapo del barrio, al que todos le temían por sus
proezas, muchas de las cuales se convirtieron en leyendas.
El
partido más viejo, el que escribió paginas gloriosas, forjador de los
dirigentes y líderes de mayor formación política e intelectual del país como Juan Bosch, Juan Isidro Jiménez Grullón,
Ángel Miolan, Antonio Guzmán Fernández, Salvador Jorge Blanco, Jacobo Majluta,
José Francisco Peña Gómez, Milagros Ortiz Bosch, Hugo Tolentino Dipp, Hipólito
Mejía, Hatuey de Camps, Tony Raful, Redames Abreu, entre muchos otros, en más de
70 años.
Fue
el PRD que enfrentó los remanentes de la dictadura trujillista, el que encabezó
el primer gobierno democrático del país, el que después del golpe de Estado
contra Bosch encabezó importantes jornadas de luchas populares que terminaron
en la revolución de abril que más tarde se transformaría en guerra patria.
El
PRD, con Peña Gómez como líder con “luz propia”, se puso al frente del combate
al régimen títere de Joaquín Balaguer durante 12 años de represión y muerte. El
PRD puso una gran parte de los presos, torturados, exiliados y asesinados por
razones políticas hasta que en 1978 volvió al poder con Antonio Guzmán de
candidato.
La
historia de la lucha por la democracia, la libertad, la justicia y la dignidad
nacional, no se puede escribir sin destacar preponderantemente al PRD, un
partido de masas, del pueblo humilde y trabajador.
Ese
PRD aguerrido, dispuesto al sacrificio, a darlo todo por la libertad y la
justicia, desapareció. El PRD de estos últimos años es un PRD sin espíritu de
cuerpo, sin ideología, sin principios que le den sustento y legitimidad
histórica.
El
PRD de hoy parece haber perdido el
rumbo. El PRD perdió su espíritu
combativo y revolucionario. El PRD de hoy es un PRD timorato y cobarde, que se
ha dejado intimidar por un PLD
convertido en una corporación económica sin escrúpulos.
Los
tigueres del PLD llegaron al gobierno después de muchas artimañas en 1996. Se
dieron cuenta de que los tigueres del PRD estaban viejos y cansados, que habían
perdido sus garras, que no podían adentrarse lejos en la jungla porque
desconocían el bosque por completo. Los árboles crecieron sin que ellos se
dieran cuenta.
Esos
tigueres del PLD, que llegaron al barrio desnudos, famélicos, con hambre en los
huesos y sed de poder, se robaron el
país con la anuencia de una buena parte del empresariado rentista y voraz, incapaz de actuar y de pensar como clase
social.
Esos
tigueres destruyeron la poca institucionalidad del Estado. Pusieron a sus
servicios el Congreso y la Justicia al
igual que las Fuerzas Armadas y la Policía. Corrompieron todos los estamentos
sociales. No quedó un sector sin corromper.
El
año pasado se robaron las elecciones invirtiendo alrededor de 50 mil millones
de pesos sin que los tigueres del PRD hicieran absolutamente nada. Simplemente
se cruzaron de brazos. Le temieron a un baño de sangre, como si la historia de
la humanidad no estuviera escrita sobre un mar de sangre, dolor y luto.
Ahora los tigueres del PLD están robándose al
PRD, dividiéndolo, debilitándolo para que no pueda hacer oposición. Los
tigueres del PRD, que ahora son mansos gatitos, no entienden que los problemas
políticos deben ser enfrentados políticamente, no en tribunales controlados por
los tigueres del PLD, sino en las calles confiando en la fuerza transformadora
y revolucionaria de las masas.
Los
tigueres del PLD no le temen a los del PRD. En verdad ya no le temen a nadie. Tienen demasiado poder en sus manos. En
política el que no da, le dan. Y el que se deja dar, tanto en política como en
la vida, es un pendejo.
