LAS PROTESTAS POPULARES
Por Juan TH
Las
protestas populares no suelen ser simpáticas entre los empresarios y los
gobiernos porque atentan contra los privilegios y la estabilidad que ambos
tienen que defender utilizando a las Fuerzas Armadas y la Policía porque de lo
contrario las masas encolerizadas derrumbarían su sistema de injusticia social.
Para
una buena parte de los empresarios y del gobierno, cual sea, nunca hay
condiciones para las protestas, son políticas y planificadas para derrocar las
autoridades legalmente constituidas, lo que justifica la represión policial.
Su
prensa llama “revoltosos”, “delincuentes”, “bandoleros” y hasta “criminales”, a
los que organizan movilizaciones, huelgas, etc., que en ocasiones se tornan
violentas, no siempre por sus promotores, sino por las acciones de elementos
infiltrados de las Fuerzas Armadas, la Policía y el siniestro DNI (Departamento
Nacional de Investigación)
En
este país siempre hay razones para la protestas. ¡Siempre! Nada ha cambiado. Al
contrario. Cada día hay más motivos. Porque cada día hay más pobreza, más
desigualdad social y menos equidad en la distribución de las riquezas. Y más
corrupción, y más robo de los recursos del Estado. Y más impunidad. Y más
desprotección de los recursos naturales renovables y no renovables del país.
En
un país con el 60 % de su población en la pobreza, una buena parte sin
servicios vitales como agua potable, servicio eléctrico, hay que protestar.
En
un país sin educación, salud, vivienda, seguridad ciudadana y social, hay que
protestar.
En
un país donde las exenciones fiscales
empresariales superan por mucho los cien mil millones de pesos, donde el
contrabando y la evasión fiscal de los poderosos son incalculables, hay que
protestar.
Pero
a las muñecas de la mafia empresarial no le gustan las protestas y llaman delincuentes a los que encabezan la
lucha popular porque el país, su país, está muy bien. El país que está mal es el de los que padecen las consecuencias de
un modelo que excluye a la mayoría de sus ciudadanos y los coloca en
condiciones de marginalidad y pobreza extrema.
Esas
“damas petulantes, esposas de sus señores”, como dice el cantor Víctor Manuel,
guardan silencio frente a la corrupción y el saqueo del que es víctima el país
constantemente.
El
pueblo tiene derecho a la movilización, el paro, la huelga nacional. Tiene derecho a la desobediencia
civil, a revocar mandatos. El pueblo es el soberano. La Constitución de la
República le reconoce esos derechos que las muñecas de la familia empresarial le
quieren negar.
Lamento
y repudio la muerte de un balazo de un coronel. Y reclamo justicia. Pero al
mismo tiempo pido justicia para los ciudadanos que todos los días son
atropellados y asesinados por la Policía, sin que nadie diga, ni haga nada. El
asesinato de un ser humano, no importa cómo se llame, siempre constituye una
tragedia.
Si
este país no le perteneciera a 22 familias, según el libro del colega Esteban
Rosario, no habría tantas razones y motivos para las protestas populares; si hubiera
más equidad, menos privilegios, menos corrupción, menos saqueo y menos robo del
patrimonio nacional. ¿Tengo ó no tengo razón?
Juan Taveras Hernandez
